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07 jul. 2026 · Alberto Piedra

Expedición Papúa Nueva Guinea

Expedición Papúa Nueva Guinea

 

Viajar por PNG llega a ser todo un desafío. No existe a pena infraestructura turística y la información sobre los distintos lugares es escasa, a excepción de algunos rincones concretos. Puertos y náuticos... ni lo sueñe.

En contrapartida, en PNG aún es posible encontrar costas en estado salvaje, paisajes y litorales exuberantes en donde tener encuentros con tribus que apenas han tenido contacto con la cultura de Occidente.

Y eso precisamente uno de los aspectos deseados para una expedición a los confines de la civilización. Para bien y para mal. Nada está asegurado, pero todo rezuma auténtico sabor a aventura.

 

Descubrimos islas y lugares asombrosas, en donde es posible

entablar contacto con nativos al navegar por estas aguas que desvelan paisajes apenas explotados.

 

Lo cierto es que llevábamos tiempo deseando conocer esta región del planeta de la que habíamos oído hablar como uno de los mejores destinos de buceo y para navegar en un entorno único. Tras una minuciosa preparación en los meses anteriores, llegaba el momento de partir a conocer Papúa en directo.

 

Ya han pasado unos años y estamos a mitad de noviembre de 2014. El viaje en avión es pesado a rabiar; Madrid-Dubai, Dubai-Singapure, Singapure-Port-Moresby, Port-Moresby-Tufi. En total unas 30 horas seguidas de aviones y aeropuertos para llegar a nuestro primer destino en los impresionantes fiordos de Tufi. El visado te lo sacas al llegar al aeropuerto de Port-Moresby, la capital, y es gratuito de modo que solo hace falta que el pasaporte en vigor.

 

 

Danza tribal en las cercanías de Tufi. Aunque se trata de una representación "teatral", ver a los guerreros ataviados con su plumas, arcos y lanzas inspira un buen "respeto". Mejor no encontrárselos con hostilidad en mitad de la selva.. 

 

 

La isla de Nueva Guinea está dividida en los territorios del Este que pertenecen a la República de Papúa y los del Oeste o región de “Irian Jaya”, provincia perteneciente a Indonesia. Solo en Papúa habitan más de 600 etnias cada una con su propia lengua diferente. Sin embargo con algo de Inglés y buena voluntad no existen problemas de comunicación. 

 

Separada de Australia a lo ancho en solo unas pocas millas por el estrecho de Torres, el territorio es muy diferente al australiano. Nos encontramos en un país muy montañoso y húmedo, verde y rico. Papua se encuentra casi en el ecuador y por tanto los días duran lo mismo que las noches, durante todo el año, y el calor puede ser intenso y húmedo. Más de 700 islas e islotes por descubrir muchas de ellas deshabitadas.  

 

 

 

Navegar y descubrir Papúa

 

Canoa con vela navegando en los fiordos de Tufi. El "casco" de la embarcación esta fabricado "vaciando" un tronco de una sola pieza. La estabilidad la provee un patín a modo de catamarán.

 

 

Nuestra expedición conoció sólo unos cuantos lugares a lo largo de las semanas en las que navegamos y buceamos las aguas de la región de Tuffi situadas al este de la capital, para saltar y descubrir a continuación una región muy alejada hacia el norte, en un territorio conocido como “Nueva Bretaña” en el Mar de Bismarch y al oeste de las Islas Salomón. Representa sólo una pequeña porción dentro de la inmensidad de Papúa, pero suficiente para desvelar lo que atesora este inédito e intenso territorio.

 

Para aquellos interesados en la antropología y el descubrimientos de etnias, lenguajes y culturas perdidas, lo más interesante es adentrarse en las “High-Land” en el interior de la isla, para intentar convivir con las raras tribus milenarias en las que aún se conservan costumbres tan sorprendentes como el canibalismo. Pero desde nuestra experiencia, esto no implica ni mucho menos ninguna hostilidad hacia el extranjero occidental, siempre y cuando sepamos respetar su particular cultura y tradiciones.

 

 

Jefe tribal en un poblado de Tufi

 

 

En épocas recientes se han descubierto grandes riquezas mineras. Las minas de oro a cielo abierto más grandes del mundo se encuentran en sus montañas a más de 3.000 metros de altitud y otras a borde del mar. También comienza la explotación de los inmensos yacimientos de gas y petróleo que amenazarán sin remedio una naturaleza aún "casi" impoluta.

 

Y todo ello genera riqueza, pero mal distribuida, lo cual a su vez desencadena violencia e inseguridad en las grandes ciudades. Así las cosas, es cierto que “perderse” por la capital en Port-Moresby o en algunos de los grandes núcleos urbanos es sin lugar a dudas una temeridad que puede acabar mal. Y en menor medida también puede ser peligroso el contacto con tribus del interior, especialmente si no respetamos las más elementales reglas del sentido común ante pueblos que no tienen nada que ver con nuestra cultura, valores y modo de vida del mundo occidental. También es cierto que esto del canibalismo no va de broma, pues hace una decena de años y desconocemos en qué circunstancias, una tribu se "zampó" a un turista Francés. La realidad que pudimos comprobar va totalmente en sentido contrario.

 

Muy al contrario, las tribus y las gentes que pudimos encontrar en las costas son afables y respetuosas con los extranjeros, y esperan de nosotros el respeto de sus costumbres ancestrales. No es extraño que tengamos que pedir permiso al jefe de la tribu costera para que nos deje bucear y navegar en sus agua, lo cual se arregla por lo general con un pequeño pago en metálico y una sonrisa.

 

 

Amanecer en las costas de Tufi... Una experiencia inolvidable.

 

 

En el interior

 

Las infraestructuras son tan sumamente escasas, como sus carreteras. Por ejemplo, para ir desde la capital hasta nuestro primer destino al este, alejado sólo unos 250 kilómetros, existen dos posibilidades; el avión turbohélice que nos trasladará al lugar en unos escasos 40 minutos o ir por caminos sinuosos en un periplo que dura ¡6 días! Increíble pero cierto. Caminos casi imposibles, incluso para los todo-terrenos con los que se puede avanzar una media de 50 kilómetros al día.

 

Se entiende con facilidad que el país esté plagado de pequeños aeropuertos, la mayoría con pistas de tierra batida que conectan entre sí todas las provincias de Papúa Nueva Guinea.

 

 

La llegada a Tufi en turbohélice. Los niños se cruzan en la pista sin excesivas preocupaciones.

 

 

Pero es esta impenetrabilidad la que ha permitido mantener la biodiversidad de su fauna y flora a pesar del avance del monocultivo de palma africana que amenaza seriamente los terrenos cercanos a las costas. En el litoral y los mares cercanos aún se descubren nuevas especies de algas o peces. Es en la cota de los 1.500 metros de altitud en donde es posible conocer la mayor biodiversidad animal, con pájaros tan llamativas como el ave del paraíso que se esconden en mitad de una selva con árboles majestuosos que en ocasiones alcanzan los 40 o 50 metros de altura (tanto como un edificio de 15 plantas…).

 

 

Vista aérea de las plantaciones de los palmerales rotulados y explotados por los colonos.

Un verdadero desastre para la biodiversidad de la selva ecuatorial.

 

 

 

Los fiordos de Tufi

 

 

Este fue el primero de nuestros destinos, tras descansar un día entero en Port-Moresby, la capital, para recuperarnos de un agotador viaje desde España de casi dos días de aviones y aeropuertos. La imponente orografía de Tufi está formada por numerosos fiordos de unos 3 kilómetros de longitud que encierran aguas tranquilas y paisajes de gran belleza recluidos entre laderas de unos 60 metros de altura que caen al mar sin apenas ninguna playa de arena.

 

Varanda sobre los fiordos de Tufi.

 

Cada uno de ellos es un refugio perfecto para fondear en barco. Los fiordos que están situados más al norte de la zona, van cerrándose hasta acabar en la desembocadura de pequeños ríos que serpentean en medio de la selva. En los fondos de los fiordos encontramos un interesante buceo de tipo "muck-dive", con una fauna marina rica, diversa y extraña con especies tan llamativas como el pez fantasma, pez mandarín, medusa de fondo.…

 

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Pero donde disfrutamos a tope fue con algunos de los puntos de inmersión de la cordillera submarina que recorre todo el litoral de Tufi a unas 10 millas mar a dentro y que se eleva en el fondo desde los 500 metros de profundidad en numerosas plataformas a modo de islas submarinas hasta los 20 y 40 metros. Desde los barcos de buceo alquilados y con una autonomía restringida, sólo es posible bucear en algunos de ellos, dejando cientos de puntos de inmersión aún por descubrir y por ser catalogados. Prácticamente en todas las inmersiones pudimos bucear con tiburones punta blanca de pequeño tamaño y en algunos casos con bancos de baracudas, además de muchos otros tipos de peces y especies de arrecife.

 

 

Anémona verde "peinada" por las corrientes en los arrecifes de Papua.

 

 

 

 

En Noviembre y Diciembre la temperatura del agua en Tufi es de 29ºC por lo que basta llevar muy poco neopreno. No encontramos termoclinas y por ello te puedes pasar horas y horas debajo del agua sin ninguna sensación de destemplanza.

 

Pero si hay algo por lo que destaca Tufi como destino de buceo excepcional es por la sus corales duros que pudimos contemplar en muchas de sus inmersiones. Corales que forman inmensas extensiones submarinas en las que se combinan en enormes zonas de diferentes especies y todo a nuestro alrededor.

 

 

 

 

 

Corales y vida marina en Tufi. Fantásticas extensiones de corales dura como nunca visto!

 

 

Los barcos de buceo que pueden alquilarse desde “Tufi resort” son de unos 11 metros de eslora y aunque la navegación fuera de los fiordos puede ser a veces algo enérgica con marejada, los expertos skippers siempre nos acercaron con seguridad a los puntos de inmersión más significativos. En una semana de buceo se pueden visitar los mejores puntos de inmersión a un ritmo de unas 3 inmersiones diarias.

 

 

 

 

Aunque existe cierto riesgo de malaria en la zona, como en otros muchos rincones del mundo, nuestra única prevención es ser precavidos y llevar siempre ropa de manga larga y ligera, especialmente al atardecer, para evitar los mosquitos.

 

 

 

 

 

El mar de Birsmark; Nueva Bretaña y Nueva Irlanda

 

Tras 10 días en Tufi, decidimos regresar en avión a Port Moresby para enlazar con otro vuelo a una zona totalmente diferente y situada a unos 470 kilómetros justo al norte de Tufi. Nueva Bretaña es una isla estrecha y curvada de unos 500 kilómetros de largo por una anchura media de unos 70 kilómetros. Nueva Irlanda casi pegada hacia el NE es casi tan grande pero mucho más estrecha. Y entre ambas se encuentra el Mar de Bismarck.

 

Nuestro destino elegido se encuentra en el centro de la costa norte, en un lugar conocido como Walindi y en el que se ha construido probablemente el mejor resort de buceo de Papúa, en mitad de un gran palmeral costero rodeado de selva. El recorrido desde Kimbe, la capital de la provincia, hasta el resort dura algo más de una hora en coche, a través de la única carretera semi-asfaltada que fue construida por el gobierno francés hace algunos años.

 

 

La salida del aeropuerto de Kimbe.

 

 

La bahía de Kimbe nos ofrece durante dos semanas seguidas un mar como una balsa de aceite, a pesar de estar muy abierta con una anchura de unas 25 millas náuticas hacia el NE. El color de sus aguas no es tan espectacular como otros rincones de la cercana Micronesia, pero sin duda es de gran belleza.

 

Los puntos de inmersión más interesantes se encuentran a lo largo de la salida de esta bahía y por ello es necesario navegar en lancha rápida a unos 25 nudos de velocidad. Del orden de una hora de navegación para alcanzar las zonas de buceo más interesantes, aunque otras en mitad de la bahía son también muy recomendables.

 

 

Una de las cabañas del Walindi Resort.

 

 

Mientras navegamos en un mar rizado dejando una estela blanca a toda velo

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