Fondear

07 jul. 2026 · Alberto Piedra

La danza de las mantas

La danza de las mantas

 

Me llamo Kamándalu y vivo en las turquesas y transparentes aguas de las islas Maldivas. A mis 16 años de edad ya cumplidos se que en la vida, las cosas más importantes son las más sencillas. Disfruto al volar entre dos aguas cerca de la superficie, o bucear junto a mis compañeras realizando suaves y armoniosas piruetas.

Nuestros ondulantes movimientos parecen fascinar a unos extraños seres que sueltan burbujas de aire. Cuando los vemos cerca de los atolones, nos observan con curiosidad mientras lanzan pequeños destellos luminosos. Y lo más curioso es que sólo aparecen en algunos puntos concretos de nuestro extenso territorio, en el que vivimos en total libertad.

Aunque muchas veces me gusta nadar a solas cruzando extensas zonas entre los diferentes atolones de coral, en ocasiones lo paso en grande con otros compañeros como Atman, una gran manta que me ha enseñado muchos de los secretos del océano. Descendemos sin ningún esfuerzo en largas y pausadas planeadas hacia las grandes profundidades, sólo por el placer de sentirnos arropados por la tranquilidad del silencio, inmersos en una oscura armonía en la que descansamos serenamente, sin pensamiento alguno, sin apenas movimiento, sin más sensación que la de sentirnos vivos, conscientes, en paz.

Pero allí abajo el agua está muy fría y te vas quedando anquilosado si te quedas demasiado tiempo. Incluso te puede llegar a doler, porque aunque tenemos sangre caliente en la cabeza para calentarnos a estas profundidades, después de un buen rato lo único que te apetece es regresar arriba donde el agua está templada a unos agradables 29 grados de temperatura.

 

 

Atman tiene una espalda oscura y potente, que contrasta con la claridad de su vientre, el cual reconozco inmediatamente por los bellos dibujos grabados en el pecho como marcas de nacimiento. La forma de sus tres puntos y la gran mancha en la parte central del torso siempre me recuerdan los pináculos de Kaafu en donde crecí y pasé muchos años de mi infancia. Con frecuencia acudimos los dos, junto con otras mantas a este atolón, porque allí residen otros pequeños amigos que se vuelven locos por quitarnos los bichitos que se pegan a nuestra piel. Pero cuando estos molestos parásitos se adhieren a los filtros de mis branquias, ¡ya no aguanto más! Son especialmente molestos y en cuanto así ocurre, nado sin dilación hacia Kaafu o al atolón de Ari, en donde los pequeños lábridos nos asean y despojan de tan molestos abusones.

Disfruto la vida volando tranquilamente entre los atolones junto con otras mantas amigas, como Zina una jovencita manta muy juguetona que intenta seducirme siempre que puede con sus graciosos y delicados movimientos. Bate sus alas con sinuosa delicadeza, pero lo que más le gusta es volar en espiral delante de mí, insinuándose para que la siga a la zaga.

 

 

Ya ha pasado el verano y como todos los años por estas fechas, encontramos bastantes lugares con una densa concentración del plancton que tanto nos gusta. En cuanto aparece, abrimos la boca de par en par y ¡a comer! Empieza el festín en el que nos podemos pasar horas y horas girando y haciendo loopings mientras tragamos descuidadamente la deliciosa comida. Con las aletas delanteras canalizamos mejor el chorro de agua, como si fueran timones que dirigen una mayor cantidad de comida pero con el mismo esfuerzo.

En estas fechas ha tenido lugar la gran reunión, en donde cientos de mantas disfrutamos en la gran “Fiesta del Plancton”. Celebramos durante varios días seguidos la eclosión de la vida y aunque el agua es menos clara por la cantidad de algas y minúsculos animalitos, la diversión está garantizada. El lugar se llaman la laguna de Hanifaru, que no tiene más de diez metros de profundidad, aunque en algunos rincones a penas alcanza los 2 ó 3 metros hasta la superficie. Desde abajo el fondo de arena blanca refleja el azul cobalto del luminoso cielo de Maldivas. Todo es azul. Azul intenso. Azul radiante. Diseminadas entre los bancos de arena blanca aparecen algunas rocas de tanto en tanto, que sirven de refugio para nuestros amigos los lábridos limpiadores.

 

 

La fiesta es completa. Comemos, jugamos, nos limpian nuestros amigos los peces limpiadores y danzamos en infinitos rizos y espirales incluso a la luz de la luna. Hace unos años Atman nos enseño una manera de volar en progresión ciclónica,  pero la cosa no es ni mucho menos sencilla. Volamos en formación parecida a un embudo en forma de “V”, y cada uno mantiene su distancia y velocidad para no salirnos de la formación. Al combinarse el esfuerzo común mientras avanzamos al unísono, se crea una corriente de agua que nos permite sacar el máximo provecho del alimento que hay en la zona. Creamos un sutil embudo invisible que concentra el plancton gracias a nuestra suave corriente circular. Parece complicado, pero poco a poco le vas cogiendo el tranquillo y al final notas como en el lado interior del embudo se canaliza más alimento.

Este año he podido compartir la formación con las mantas más experimentadas, nadando además junto a Zina que hoy por cierto, está preciosa. Vuela con graciosos movimientos delante de mí y la sigo a todas partes. Llevamos toda la mañana deambulando de aquí para allá en las cálidas aguas de la laguna, mientras hacemos divertidas y graciosas piruetas. Finalmente volamos como un solo cuerpo y es tal su excitación que mientras hacemos el amor ella me sujeta por un extremo de mi aleta izquierda con un pequeño mordisco que aunque no me molesta me ha dejado una ligera marca.

 

 

 

 

Las Maldivas

 

Situadas en pleno océano Indico y formadas por 26 atolones con más de 1.190 islas de las cuales sólo 200 están habitadas por el ser humano. En total el archipiélago de las Maldivas se extienden a lo largo de 1.000 kilómetros de norte a sur, con una anchura media de unos 100 kilómetros.

Las Maldivas son una parte de una larga cordillera submarina de más de 2.000 kilómetros y con 50 millones de años de antigüedad. A los largo de este infinito período de tiempo, los movimientos de las placas tectónicas provocaron innumerables erupciones volcánicas a lo largo de la larguísima falla. Con el paso del tiempo estos volcanes se fueron extinguiendo y entonces se formó un anillo de vida coralina a todo su alrededor. Y milenio tras milenio, estas islas se hundieron bajo su propio peso inundando el cráter interior ya sumergido, para formar las lagunas de Maldivas, rodeadas por de arrecifes de coral.

La profundidad media en el interior de los atolones es de unos 30 a 50 metros, fuera de ellos el océano Indico  cae a pico rápidamente hasta los 2 ó 5 kilómetros de profundidad. Los corales segregan un esqueleto duro de carbonato cálcico para proteger sus vulnerables cuerpos. Cuando el coral muere su esqueleto abandonado forma parte de la propia estructura del arrecife. Así, a lo largo de millones de años e incontables generaciones de corales encima de otros, se ha creado el gran arrecife de corales. 

 

 

La llegada a Male, la capital de Maldivas, nos descubre desde la ventanilla del avión un sinfín de atolones de aguas transparentes alrededor de infinitos islotes de arena blanca, algunos de los cuales muestran desde el aire pequeñas cabañas con los techos tapizados por hojas de palmeras a lo largo de la costa. Un barco-taxi nos recoge en la misma salida del aeropuerto y nos traslada en 10 minutos hasta la bahía en la que nos espera el hospitalario Southern Cross, un imponente crucero de 40 metros de eslora diseñado específicamente para ofrecer expediciones de buceo.

 

Esta misma tarde nos hacemos a la mar rumbo Suroeste mientras nos vamos alejando del tumultuoso Male. A las pocas horas de haber embarcado y tras organizar nuestras pertenencias en el amplio camarote, me dispuse a montar el equipo fotográfico en la mesa del salón.

El ritual comienza por montar sobre la pletina de base, las rotulas y los largos brazos de aluminio en cuyos extremos se atornillan los potentes flashs. Luego le llega el turno a la carcasa transparente que protege la cámara digital del agua marina tan dañina para la electrónica como terapéutica y curativa para los seres humanos. Para asegurar la estanqueidad, retiro con delicadeza la junta tórica de goma que deslizo suavemente entre los dedos untados con una lágrima de vaselina. Las baterías están a plena carga y la memoria parece inquieta por comenzar a registrar imágenes submarinas. Finalmente le llega el turno al gran angular, cuyo pronunciado diámetro y marcada esfericidad otorgan al conjunto ese sabor a puro buceo. La guinda del conjunto queda remata por los finos cables negros de fibra óptica que enrollados sobre los brazos de aluminio permiten sincronizar los disparos fotográficos. El equipo fotográfico parece querer tirarse al agua antes que yo...

 

 

Durante estos 2 primeros días hemos estado buceando en diferentes enclaves y por fin hemos encontrado algunas mantas; Este es el objetivo de nuestra expedición. Las fechas de Septiembre son especialmente buenas para localizar ejemplares en sitios concretos en los que los biólogos marinos saben que suelen concentrarse. Uno de ellos es conocido como la laguna de Fesdhu al norte del atolón de Ari, en donde esperamos hacer una inmersión nocturna muy especial.

 

El vuelo nocturno de las mantas

Las coordenadas exactas del lugar son conocidas por Guy Stevens el científico de la expedición y director de la organización Manta Trust, ONG cuyo objetivo es la conservación de estos fantásticos animales tan perseguidos en estos tiempos por estúpidos intereses comerciales. El mercado chino comercia con las branquias de mantas desecadas para realizar con ellas un caldo insípido que creen tener propiedades milagreras. 

 

 

    

 

MANTA TRUST

 

1ª Expedición "Manta Trust" a bordo del Souther Cross y de la mano de Submaldives

La ONG Manta Trust promueve la conservación de las mantas rayas y su hábitat a través de robustos estudios científicos e investigaciones marinas que tienen como objetivo concienciar a la sociedad sobre la importancia de estos animales.

Las mantas son uno de los animales marinos más bellos dotadas del mayor cerebro de todas las especies de peces con gran inteligencia y muy curiosas. Así el encuentro con estos carismáticos e inofensivos animales es siempre sorprendente. Muchos aspectos tanto de su fisiología como de su comportamiento permanece siendo un completo misterio.

Es una desgracia que las empresas pesqueras estén diezmando la población de estos armoniosos animales devastando su población a extremos insostenibles.

Manta Trust fue creada en 2011 para coordinar de forma global la investigación y los esfuerzos orientados a preservar estos animales. Es urgente concienciar a las autoridades y comunidades locales sobre los necesarios cambio de mentalidad que corresponden al respeto hacia la vida y la conservación de las especies.

Manta Trust actualmente realiza programas de investigación en Maldivas, Sri Lanka, Mexico, e Indonesia para los que necesita recursos humanos y económicos. Por ello animamos a visitar y ayudar a esta organización que ofrece programas de voluntariado en diferentes lugares www.mantatrust.org.

Guy Stevens: En 2005 fundó el Proyecto Manta Ray Maldivas (MMRP) con el objetivo de ayudar a conservar la población de manta de este país a través de la investigación activa y la educación. Su trabajo con manta lo ha llevado a otros rincones del mundo, pero las Maldivas para él siempre será el mejor lugar para ver y estudiar estos increíbles animales.

Los esfuerzos de conservación de Guy en las Maldivas ha llevado a la creación de varios Áreas Marinas Protegidas (AMPs) en sitios clave de agregación de mantas, especialmente en Hanifaru Bay , donde su trabajo fue presentado en la revista National Geographic en julio de 2009. Esta magnífica ubicación, situado en el atolón de Baa, fue en el año 2011 declarada área protegida central dentro de la Reserva de la Biosfera por la UNESCO recientemente designado que abarca la totalidad de Baa Atoll.

Sus esfuerzos de conservación también han aparecido en más de una docena de documentales de televisión, incluyendo la BBC Natural Especial de National Geographic en todo el mundo y "Proyecto Manta " de la cadena ABC, ITV, "El hombre de Manta ", " Big Fish Fight " de Canal 4, a 60 minutos Australia y la BBC "¿Cómo funciona la vida?" .

 

 

Tras la aproximación al lugar, y conducidos por el capitán que conoce cada atolón de las Maldivas como la palma de su mano, le llega el turno al GPS para soltar el fondeo exactamente en un sitio concreto con no más de 8 ó 10 metros de profundidad. Hemos navegado todo el día mientras disfrutábamos en cubierta de una climatología ideal. Algunos cúmulos blancos nos protegen de la fuerte radiación solar y hace más soportable tomar un poco el sol en las espaciosas cubiertas del Southern Cross. Su popa de 9 metros de manga parece una pequeña playa de madera que desciende en tres suaves escalones hasta el mismo borde del mar, al lado el techo aterrazado se ofrecen un par de bancos de madera, alrededor de unas mesas en donde por la noche se organizan unas cálidas veladas acompañados por buenos amigos.

Ya está atardeciendo y todo está tranquilo. La tripulación ha montado en la plataforma de popa dos focos alógenos de gran potencia que iluminan directamente la superficie del agua. Se dejan encendidos varias horas mientras todos vamos a cenar antes de prepararnos para la mejor inmersión nocturna del planeta.

 

 

 

A las pocas horas, y atraídos por la fuerte iluminación artificial, el agua es un hervidero de vida microscópica. El zooplacton abunda y se observa a simple vista en la misma superficie del agua, cuando te agachas hincando la rodilla sobre esta p

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