Fondear

07 jul. 2026 · Alberto Piedra

Ride Sea; Las Landas; sensaciones fuertes

Ride Sea; Las Landas; sensaciones fuertes

Navegamos rumbo Norte desde la frontera española hasta la ría del Garona a lo largo de una costa monótona de más de 200 kilómetros. Largas playas de arena tostada tapizadas casi hasta el mismo mar, por densos pinares que embriagan de olor a pino toda la zona incluso varias millas mar adentro. El agua verde esmeralda descubre la escasa profundidad de la plataforma continental. Olas impresionantes que inexorablemente se estrellan en las infinitas playas para disfrute de los surfistas. "click" en la foto para ampliar

Tras los últimos picachos del Pirineo que se hunden en el mar a la altura de Pasajes de San Pedro, la costa escarpada cede poco a poco su lugar a las playas Francesas con sus inmensos pinares. Arenales infinitos sobre los que se precipitan las olas procedentes del Atlántico. De vez en cuando algún búnker de la 2º guerra mundial y muchos surfistas.

Tan bonitas se mostraban las olas que decidimos acercarnos para verlas de cerca y filmarlas desde el mar. Elegimos una zona en la parecían querer trepar más alto. Nos pusimos a una distancia prudencial de donde se manifestaban con su máxima intensidad. Punto muerto, sonda 4 metros. Un auténtico espectáculo de belleza y plasticidad. Las olas se levantan enérgicas para convertirse en paredes que poco a poco se transforman en grandes monstruos rugientes.

De repente observamos como un amenazador muro de agua de 3 metros de altura se acerca directamente hacia nosotros. ¡Joder, que se viene encima! Metemos motor y la enfrentamos rápidamente. Acelero hacia ella con instantánea preocupación al ver como empieza a mostrarnos su forma cóncava y cilíndrica. ¡Que belleza! Su cresta de un par de palmos se transparenta mostrándonos luminosas tonalidades verde esmeralda, mientras acelero más hacia ella para remontarla con suavidad. El barco trepa sin problemas mientras observamos el traslúcido verde-azul de la ola. Corto el gas en seco mientras descendemos rápidamente los 3 metros de altura. Uauuu!!!

Que sensación! Nos damos la vuelta y vemos como la ola sigue avanzando a nuestra espalda inexorable y enorme hacia la playa. Todavía se aleja de nosotros durante un par de lentos segundos antes de derrumbarse de forma majestuosa en infinitos chorros de espuma blanca. ¡Menuda pasada! Pero salimos inmediatamente mar a dentro para no tener que repetir tan bellísima e impresionante experiencia.

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La escasa profundidad de la zona es la que justifica la peligrosidad de estas aguas que hasta los Bretones procuran evitar. Decenas de millas sin posibilidad de resguardo alguno. Refugios lejanos que además son muy peligrosos con mal tiempo o sencillamente imposibles de practicar. 

El velero varado en la playa nos recuerda que no debemos "juguetear" demasiado cerca de la costa so pena de acabar como él.

 

La llegada a Capbreton

 

A treinta millas náuticas de San Sebastián se encuentra el pueblo de Capbretón en donde se esconde una preciosa y acogedora marina. Pero hay que franquear primero una entrada en mitad de un arenal bastante comprometida en bajamar o en cuanto haya algo de oleaje. Con mal tiempo no quiero ni imaginármelo… De hecho el pasado invierno un temporal se llevó totalmente la estacada, que define uno de los brazos del canal. El puerto de Capbretón es precioso y su gente encantadora y amable. Las playas de los alrededores están plagadas de surferos y bañistas.

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Entrada al canal y al puerto de Capbreton

Puerto de Capbreton

Regalo de Bienvenida

su ciudad y sus playas

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A la mañana siguiente nos dispusimos a salir hacia el norte sin esperar marea alta, para poder alcanzar con tiempo la entrada de la bahía de Arcachón famosa por su ostra. Más de 50 millas de distancia por recorrer que aconsejan no demorar la partida. Varios pesca-paseo ya han salido y están en la mar con sus cañas de pescar. Cual sería nuestra sorpresa al ver una verdadera rompiente a la salida del canal. Una rompiente de un buen metro de altura cubriendo toda la salida con una barra de espuma blanca. Si no fuera por los barcos que estaban ya fuera, me hubiera dado la vuelta inmediatamente… Finalmente sin problemas. Un ligero acelerón a nuestro Yamaha F350, un pequeño salto sobre la rompiente y fuera. Ya estamos de nuevo en el Atlántico. "Saltito" que no pudimos fotografiar por lo comprometido del momento y que ciertamente debió parecer espectacular, pues se nos acercó una motora francesa para saludarnos y comentarnos...  "Qué tal la ducha que os acabáis de meter?..."  La Cap-Camarat protege tan bien del mar que en este aspecto no tuvimos ninguna preocupación.

¡Al ver la rompiente en la salida, piensas en darte inmediatamente la vuelta! Desde fuera, las olas que barren la entrada  son impresionantes como puede verse en las siguiente secuencia.

 

 

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La entrada a la bahía de Archachon

Las 50 millas navegadas hasta la bahía de Arcachon fueron bastante tranquilas hasta que nos aproximamos a su entrada... Con algo más de mar de la que hubiésemos deseado, la entrada a la bahía es algo pavorosa…

Antes de alcanzar las remansadas aguas interiores tienes que acercarte por un canal balizado con grandes boyas de aproximación durante 4 millas. La entrada a la bahía es un puro arenal de 10 kilómetros de largo por 5 kilómetros de ancho y sin apenas profundidad, continuamente barrido por rompientes en toda su extensión. Con los ojos clavados en el chart-plotter nos acercamos hasta localizar la boya principal de aproximación.

La sonda indica 7 metros y la adrenalina se te dispara cuando localizas las dos boyas verde y roja por donde tienes que “colarte”. Mientras alucinas con el panorama, las olas que vienen de alta mar camino del arenal que debemos atravesar te zarandean. La sonda sube y baja de 4 a 7 metros… y el “marrón” viene después cuando el canal se estrecha en la segunda pareja de boyas, que por cierto no logramos identificar. Ves en la carta que el arenal en esa zona da una profundidad de sólo 3,9 metros!

Nos ponemos a ralentí para estudiar la situación y vemos como las extensas olas de fondo que vienen de mar abierto, sencillamente se estrellan en un estrepitoso huracán de espuma allá adelante, por donde se supone que debemos pasar, entre las segundas boyas numeradas como la 3 y la 4.

El apuro es intenso. De modo que decido llamar por la VHF a tráfico de cabo Ferret, allí llamado el “Semaphore du Cap Ferret” para pedir consejo. La respuesta es tan franca como convincente. Me confirman que en el estrecho paso, hay olas que rompen de dos metros y medio de altura. Y cuando decimos que rompen es que rompen de verdad, como las de Hawaii… Olas largas que se estrellan allá, 400 metros delante de nuestra posición en mitad del canal de paso, por donde todavía no conseguimos descubrir las ansiadas boyas 3 y 4.

También me aconsejan por la VHF esperar un par de horas antes de intentar entrar. ¿Un par de horas? Pero si ya estamos en la pleamar! En un par de horas la cosa podría ponerse mas fea! Gran error de cálculo ya que efectivamente el Raymarine me indicaba que estábamos en marea alta,.. pero de la hora UTC! O sea que con el cambio horario efectivamente todavía faltaban casi dos horas para la máxima altura de la marea. UTC+2. ¡Claro! Pero en ese momento no acababa de entenderlo, máxime con la situación que estábamos viviendo.

 

Con un mar tranquilo el canal de paso es evidente, como se aprecia en la foto aérea.  Con una mar de fondo de 2 a 3 metros el panorama no tiene nada que ver.

 

En cualquier caso Cap-Ferret nos aconseja esperar y así lo hicimos al menos media hora más, momento en el que decidí entrar dando un rápido empujón con nuestro fueraborda. El cálculo de sonda era claro. 3,9 metros de fondo, menos 2,5 metros de altura de las olas, igual a casi 1,5 metros como mínimo, suficiente para no quedarme clavado encima del arenal.

La experiencia finalmente se tornó apasionada y divertida a rabiar. Nos fijamos en la cadencia de las olas y esperamos a que pasaran 3 grandes. Detrás de la tercera nos colamos acelerando prudentemente detrás de ella y rumbo hacia donde debía encontrarse el siguiente paso de boyas. Cuando la ola empezó a romper con estrépito, aceleré sobre ella, ahora mirando hacia atrás para ver como una cuarta ola bien surfera se acercaba a punto de romper y a no más de 30 metros de nuestra popa. Pequeño empujón a la palanca de gases y notas que la situación está totalmente bajo control. Te escapas sin problemas. Las rompientes ya se han quedado atrás y simplemente basta con seguir navegando por un canal bien señalizado de boyas, hasta las remansadas aguas del interior.

 

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Bahía de Arcachon

Basureros flotantes

sus dunas

sus ostras

sus puertos

atasco al entrar en puerto

hay que prever las mareas

sus corrientes

su isla de los pájaros

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 La bahía de Arcachon

Una vez dentro de la bahía de Arcachon te encuentras tan resguardado como en un lago interior. El entono tiene un gran encanto, y toda su costa está plagada de pequeñas marinas que en muchos sitios son simples fondeaderos. No dejas de pensar en sitios con c

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