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07 jul. 2026 · Alberto Piedra

Una aventura por el Amazonas

Una aventura por el Amazonas

Atravesar el Atlántico, perderse por el delta del Amazonas, remontar el río más importante del mundo, recorrer sus poblados indígenas, descubrir playas y paisajes por las Antillas… Aún es posible disfrutar del auténtico sabor de lo desconocido.

Cuando dos jóvenes y atrevidos aventureros deciden poner en marcha su sueño, el desafío no cede a las adversidades y todo es posible gracias a la ilusión y a la tenacidad.

Angel y Tony son los dos protagonistas principales de esta aventura que les lleva al otro lado del Atlántico, a Brasil, y de allí a la desembocadura del Amazonas que finalmente remontarán a pesar de los peligros de su navegación, hasta 400 millas náuticas tierra adentro. Singladuras por la selva más densa del mundo en los que los cambios de nivel por la marea y la modificación de batimetría debido a los desplazamientos de arenas, obligan a permanecer permanentemente atentos. Después del Amazonas la aventura continuaría recorriendo las islas paradisíacas del arco de las Antillas…

 

Preparar el Puma

La preparación del viejo Puma del año 73 dura casi un año entero. Este velero de construcción robusta tiene una eslora de 10,3 metros con un desplazamiento de 9 toneladas lo cual refleja el importante grosor de su fibra de unos 2 centímetros de espesor. Cala 1,8 metros y está motorizado por un motor Volvo de 28cv algo entrado en años. Angel reforzó la pala del timón enfibrándola para aumentar su solidez. 

La velas y  aparejo fueron revisados a conciencia, y adquirieron un montón de cabos, pues estos sufren mucho durante un largo viaje. Algunos serían utilizados como coderas para amarrar y fondear en cualquier circunstancia. El ancla de 16 kilos que lleva el barco queda engalanada con 60 metros de cadena de 8 milímetros y además embarcan otras dos de respeto con cabo de nylon de unos 30 metros de longitud. También compran una balsa salvavidas nueva, un pequeño GPS de mano de 150 €, y una radio BLU además de una sencilla VHF. La bomba de achique es sustituida por otra nueva pues la original no presentaba ningún buen aspecto. En total unos 25.000 Euros en mejoras a las que hay que sumar los 35.000 Euros del precio de adquisición del Puma.

El parque de baterías es rediseñado y para ello montan 3 nuevas baterías de 120 amperios cada una que se pueden cargar con el motor del barco y con un aerogenerador situado en la popa del velero. La instalación eléctrica queda rematada por un pequeño inversor de corriente que asegura 220 voltios a bordo para cagar los teléfonos y otros aparatos electrónicos.

Una popa demasiado recargada de flotadores, redes, bidones, defensas, boyas y otros enseres.

Pero las circunstancias obligan y finalmente el balcón permite llevar mucho material auxiliar.

Como piloto automático instalan uno de caña Raymarine que desgraciadamente no daría mucho de sí. Por último sustituyen las viejas escotillas de bronce por otras de plástico pero cuyo montaje no es todo lo estanco que debiera ser, lo cual produciría muchos quebraderos de cabeza en pleno viaje. A pesar de todo, el barco queda listo tras muchas semanas de esfuerzo durante las cuales Angel y Tony tuvieron que trabajar aprendiendo bricolaje en todos los oficios y haciendo horas extras durante varios días seguidos cada semana.  

Poco antes de la partida, Angel vende los bares que tenía y se va a Tomas Maestre a recoger a Tony y ultimar los arreglos del Puma 34.

 

La experiencia se gana navegando

Angel no tenía ni la menor idea de navegar a vela antes de decidirse por esta aventura. Sólo contaba con las pocas horas acumuladas durante las salidas de fin de semana alrededor de las Islas Hormigas y la costa de Murcia y Cartagena. Tony por su parte si había hecho un poco de vela ligera y algunas salidas en crucero de eslora media. Pero cuando existen ganas de navegar y descubrir el mundo, la falta de experiencia se suple con tenacidad, energía y una buena dosis de sentido común.

  

Navegar sin piloto automático durante 9 meses resultó verdaderamente cansado.

Llevar la rueda de gobierno en todo momento llega a resultar agotador.

La idea inicial era recorrer el Mediterráneo, navegando por las Baleares y de allí a Corcega y Cerdeña, para saltar a las Eólicas, a Malta, a las muchas islas Griegas y hasta Turquía. Pero tras pensar en ello y darle muchas vueltas, se muestra mucho más apetecible y desafiante saltar el Atlántico y recorrer la costa de Brasil y las islas del Caribe. Angel ya conocía la Amazonía de otro viaje realizado 10 años antes, pero en excursiones desde tierra. Por fin la llamada de la selva se hacía totalmente irresistible...

 

De Tomás Maestre a las Islas Canarias

Durante el mes de Octubre de 2005, se embarcan en su Puma 34 rumbo a Canarias, decididos a descubrir el mundo. Tras un concierto de los Rolling Stones y la correspondiente “cogorza rock&rollera”, los dos amigos se dirigen a su puerto base en Tomás Maestre. Compran víveres y llenan los depósitos, listos para salir rumbo a Canarias. El depósito de gasoil hace sólo 60 litros de modo que deciden embarcar 100 litros más en varias garrafas, que finalmente se mostrarían totalmente insuficientes. El tanque de agua no es mucho mayor ya que su capacidad hace escasamente 80 litros de modo que hacen cálculos y estiban muchas garrafas de 4 litros hasta complementar otros 220 litros extras.

Tras 10 días de navegación y al poco de dejar atrás el estrecho de Gibraltar, el piloto automático deja de funcionar obligando a permanecer a la caña horas interminables. A la postre todo el viaje se realizó sin piloto automático… Nueve meses a la caña!

Desde la bahía de Cádiz tardan 5 días hasta alcanzar Lanzarote. Una travesía que no ofreció ningún problema de navegación, aunque si electrónico pues además del piloto automático, también desfallece la radio BLU. Ya en Canarias Rafael del castillo les ayuda a arreglar la BLU y también conocen a Carlos, que se apunta a la aventura sin demasiados miramientos. De Lanzarote navegan hasta Gran Canarias en donde vuelven a parar unos días para reparar algunas cosillas que han ido fallando durante estos días de navegación. Allí complementan el equipamiento del barco añadiendo un equipo completo de submarinismo, una guitarra y los imprescindibles bombos para el acompañamiento y la percusión.

La siguiente etapa de las Islas Canarias es Tenerife en donde les espera otro amigo y aprovechan para seguir haciendo algunas pequeñas reparaciones sin demasiada importancia. El bricolaje no es el fuerte de ninguno de ellos, de modo que se hace necesaria una buena dosis de empeño para llevar a buen término estos pequeños arreglos. En Canarias ya tienen algunos preocupantes problemas con el motor que “tose” con demasiada frecuencia. Les informan que deben vaciar el filtro del gasoil por si estuviera sucio o con agua pero ni siquiera saben en que parte del motor se encuentra ese maldito filtro!

De Tenerife a La Gomera el viento en popa es una gozada. El mar es perfecto y la navegada fantástica. El amigo de Tenerife se queda en Gomera quedando la tripulación formada por 3 personas y una guitarra. En Gomera se hace necesario una revisión a fondo del motor que les lleva un día por su poca experiencia en estos asuntos. Cambian de nuevo los filtros y el aceite para dejarlo todo listo para la gran travesía.

 

Islas Canarias hasta Cabo Verde

La travesía de las Islas Canarias rumbo a la protegida bahía de Mindero en la isla de Santa Lucía, resultó un viaje iniciático en lo que a la navegación se refiere. Al segundo día se monta un temporal de 3 pares de narices, con rachas de 50 nudos y olas de considerable tamaño que el Puma enfrenta sin problemas aunque con mucha preocupación por parte de la tripulación. Carlos lleva ya tiempo vomitando y con un mal cuerpo que se hace insostenible. En la rueda de los navegantes, Rafael del Castillo les va indicando hacia que latitud dirigirse para intentar esquivar lo peor del temporal.

Y a los dos días de navegar se acaba el gas de la cocina! Aunque ninguno de ellos sabe pescar, acaban apañándoselas bastante bien a pesar de perder muchas capturas: calamares de 7 kilos, doradas y otros pescados son cogidos en los curris que arrastran. Lo malo es que bastantes veces, al tirar de las líneas para recuperar el pescado, lo único que les queda es la cabeza del pez, pues algún tiburón se lo ha comido de un bocado. Como no tienen nada de gas para cocinar la comida se hace a la “japonesa”. Una vez limpio, el pescado crudo se macera en zumo de limón durante unas horas y listo para servir! Nutritivo y muy rico…

En mitad del temporal Carlos sigue vomitando, cuando sin previo aviso se monta un lío en el Génova al enredarse las escotas en el enrollador. Tony se queda a la caña y Angel bien atado se dirige a proa para intentar solucionar el lío.  Tras luchar contra el viento, los vaivenes, y los rociones, consigue ordenar el follón de proa mientras Tony le va dando instrucciones desde la bañera. Poco después uno de los Winches le pilla el dedo a Tony debido a la holgura que tienen al ser bastante viejos. Como resultado una de las piezas punzantes del Winch atraviesa el dedo de Tony ensartándose el metal en mitad de la uña!

Algo maltrechos y tras 9 días, el Aire IV recala en Mindelo con gran alegría para los tres amigos que no dudan ni un segundo en dirigirse a una taberna para meterse un atracón de carne a la parrilla. En Cabo Verde el intento por reparar el piloto automático se muestra infructuoso, pero eso sí, consiguen un nuevo infernillo de gas de segunda mano. Hace un calor espantoso que solo invita a largas siestas a la sombra. Las provisiones compradas para continuar el viaje consisten en gran cantidad de fruta y mucho arroz y pastas. Llenan los depósitos y arranchan el velero para la nueva partida. Carlos que aún sigue mareado y con mal cuerpo quiere quedarse en tierra y regresar en avión, pero tras una larga charla decide continuar la ruta con sus dos amigos.

 

De Cabo Verde a Fortaleza: 19 días

Al segundo día de haber partido de Cabo Verde, habían avanzado unas 300 millas rumbo a Brasil. De repente y mientras comían en la bañera, se produce un fuerte golpe acompañado de un estruendo brutal, y el barco se levanta del agua con gran escora. Todos quedan desconcertados y acongojados mientras unos segundos después ven que un gran cachalote sale del agua por la popa! Dicen que, en ocasiones, estos cetáceos atacan a los veleros al confundirlos con algún ballenato, especialmente si el antifouling es claro o de color blanco, pero el del Puma era azul oscuro....

Tras el susto del cachalote los tres amigos otean el horizonte en busca de algún otro cetáceo pero afortunadamente la navegación continúa sin más incidentes. Un viento sostenido y constante de 15 ó 20 nudos impulsa el Aire IV de forma decidida hacia las costas de Brasil.  

Pero pasada la mitad del Atlántico a miles de kilómetros de la costa sólo les quedan 20 litros de diesel y además se para el motor. Sin motor ya no cargan nada las baterías pues el viento ha caído tanto que el generador eólico no llega a mover sus aspas. Están totalmente encalmados en una desesperante calma chicha que apenas empuja el barco en un mar como una balsa de aceite. Y así se pasan 6 desesperantes días durante los cuales ni siquiera pueden llamar por la radio BLU pues las baterías están muy bajas.

En los "DollDrums" se montan tormentas en un "periquete". Hay que estar muy atento si no quieres ver como tu barco agarra una racha inesperada y se tumba hasta dar miedo!

 

 

Durante dos días sólo han avanzado 10 miserables millas náuticas! Y de repente la tormenta! Ya están en los “Dolldrums”. Las trombas de agua son cálidas y refrescantes y el viento pasa de cero a golpearte bruscamente y en pocos segundos con rachas de 30 nudos. Todo el cielo se ennegrece y hasta cuesta ver algo con tanta agua cayendo cual gigante ducha. Es tanta la cantidad de agua dulce, que la bañera del Puma con sus pequeños desagües no consigue vaciarse a suficiente velocidad, lo cual convierte la bañera de popa en eso, justamente una auténtica bañera de cuarto de baño! Una de las rachas más súbitas que las demás, pilla a toda la tripulación desprevenida, tumbando completamente el velero.

Pero poco a poco el eólico va cargando de nuevo las baterías a medida que se acercan a la costa de Brasil. Las tormentas son constantes y ya casi llegando a Fortaleza el parque de baterías tiene la potencia suficiente para volver a poner en marcha el motor principal a sólo 20 millas náuticas de su destino. Las últimas millas las hacen a motor y con los pocos litros de gasoil que les quedaban.

 

La costa de Brasil

La costa de Brasil es sencillamente enorme y va desde el Paraguay hasta la Guayana con más de 6.000 kilómetros, desde los 33º de paralelo Sur hasta los 4º Norte. Se entiende que sea muy variada y ofrezca multitud de contrastes y diferentes climas y paisajes. Es como si habláramos de la costa Europea desde Noruega hasta Cádiz…, ¡pues hay de todo! Pero en este viaje la costa de Brasil descrita corresponde a las latitudes próximas al ecuador. Las distancias son normes y en 4 meses de navegación por estas costas sólo se cruzaron con 3 veleros.

El Aire IV llega a Fortaleza cerca del paralelo 4º Sur tras 19 días de navegación desde Cabo Verde, aburridos de tanta calma chicha y tanto chubasco tormentoso típicos de la zona de convergencia intertropical.

En Fortaleza existe un hotel con muelle bien protegido en donde poder dejar el barco a buen recaudo por solo 12 €/día que además te dan derecho a utilizar las instalaciones hoteleras como la piscina y otros servicios. Por ello deciden dejar el barco bien amarrado durante una decena de días y alquilar un coche para recorrer el litoral haciendo turismo costero hasta Salvador de Bahía y otros pueblos encantadores más al sur.

En Morro cerca de Salvador de Bahía se encuentran sitios de ensueño con paisajes rebosantes de hermosura. Allá rigen otras formas y maneras de vivir la vida. Los valores son diferentes y hay mucho por descubrir.

¿Un gurú en la India? ....No, se trata de Carlos en un bar de Jericoacoara...

 

 

Desde Fortaleza el Puma 34 parte hacia Jericoacoara ya en el paralelo 2ºS en donde permanecen descansando durante un par de semanas. Jericoacoara es una ciudad con un encanto especial. Se respira buen “rollito” y su ambiente Chil-Out se encuentra en todas las calles y rincones. Desde la costa te sorprenden sus grandes dunas de arena blanca que bien recuerdan otros lugares del mundo como la costa de Namibia, pero con aguas muy claras y transparentes.

Hay que fondear a bastante distancia de la costa pues las mareas son fuertes y la sonda pierde 3 metros en muy poco tiempo. Por ello el Aire IV fondea con 5 metros de agua que en baja mar se quedan en un calado de algo menos de 2 metros. Las calas de arena blanca invitan al descanso y por la tarde los paseos por las calles de arena son

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